Mes: abril 2014

Las letras en mi vida

J. Morgan N en primavera SoriaHace una semana os contaba en este pequeño rincón de la red la importancia y la influencia de los ríos en mi vida. Y en mi obra artística. Hoy os quiero hablar de las letras y la tipografía, las otras grandes protagonistas de “El fluir de la voz”, la exposición que inauguro el próximo 5 de junio en la Galería Bennassar de Madrid.

Arte y diseño. Diseño y arte. Ambas facetas juegan un papel importante en mi vida y se complementan a las mil maravillas. El mundo del arte me aportó mucho a la hora de diseñar, pero luego el diseño, a la hora de estructurar, compensar y equilibrar, me ha aportado mucho también como artista. Si algo dice la gente de mí es que sé armonizar colores muy diferentes. Realmente yo disfruto con el color. Y cuando la gente ve terminadas mis obras, ve una armonía, inicialmente difícil de alcanzar, pero finalmente consumada.

¿Y cómo, en esta intensa relación dual, llegué a las letras y la tipografía? Mediante el diseño. Este fue el canal para que luego ese amor se trasladase al lienzo. Aprendí de un gran maestro desgraciadamente fallecido, Víctor Viano, el amor por la tipografía y singularmente por la letra Bodoni. De ahí, surgió la idea de hacer un alfabeto, que se ramificó en otras etapas, pero de alguna manera, salvo en la colección ‘El jardín de los cactus y las odaliscas’, siempre vuelvo a la tipografía, a la palabra. “El fluir de la voz” sólo es un ejemplo más de esta relación que he mantenido siempre con las letras. Letras y palabras que ahora se entremezclan con los ríos de mi vida.

 

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Los ríos en mi vida

Letras a la deriva que fluyen por los ríos de mi vida

El próximo 5 de junio volveré a anclar mi barco pirata en el Manzanares para inaugurar en la Galería Bennassar de Madrid una exposición en la que mostraré mi nueva etapa creativa. “El fluir de la voz”, se titula. Y en ella, los ríos y las palabras de mi vida toman los lienzos y se adueñan de ellos. En un hombre de mar como yo, en un pirata que surca los mares en busca de inspiración, los ríos siempre han ejercido una enorme influencia.

Adoro los ríos, verlos, contemplar sobre un puente cómo fluye el agua, detenerme en sus orillas, sentir la vida que arrastran incesantemente. Un río es una forma de viajar tranquila, sosegada… A veces con ruido, a veces con mucho silencio. Los ríos me han influido mucho, pero ¿cómo llevar los ríos y las palabras que amo y que me gustan a la pintura? Evidentemente pintándolas, recreando el río con sensaciones. Son colores, brillos, trazos de las riberas, letras que evocan su nombre, vegetación que se sugiere y se esconde, rocas serpenteadas por el agua… No es una imagen física, real del río, sino el halo que deja su fluir en mi espíritu, en planos superpuestos.

Siento tan míos los ríos que he decidido insertarlos dentro de unas urnas de metacrilato. Para que sus aguas fluyan pero nunca se separen de mí. Para poder seguir surcándolos siempre, en mi imaginación de intrépido pirata. Para seguir deteniéndome en sus orillas y disfrutar de la belleza única del discurrir del agua por su cauce. Una metáfora perfecta del inexorable paso del tiempo. Y de la vida.

 

Los referentes de un humilde pirata

Retrato de un campesino, Paul Cézanne (1905-1906)

Retrato de un campesino, Paul Cézanne (1905-1906)

Referente. Según el diccionario de la Real Academia Española, “término modélico de referencia” y “ser u objeto de la realidad extralingüística a los que remite el signo”. Según mi dialecto de humilde artista y pirata, movimientos artísticos y representantes de esos propios movimientos que han influido en cierto modo mi obra. Mis referentes. Aunque un servidor haya surcado luego sus propios mares en busca de riesgo y aventura. De un estilo propio que se aleja de la seguridad que siempre ofrece el grito que anuncia que la tierra firme está ya a la vista.

Nací en el estudio de mi padre Arturo, en una casa muy pequeña de Madrid donde viví mi primera infancia. Y siempre lo vi pintar. Y pinté con él. Así que podríamos decir que él fue mi primer espejo. Un espejo que reflejaba impresionismo, el movimiento artístico por el que mi padre bebía las aguas. Y allí conocí entre muchos otros a Cézanne, por el que mi primer referente sentía verdadera admiración. Luego, en mi búsqueda solitaria de nuevos puertos, conocí y admiré a Matisse, a Picasso y a Paul Klee.

Más tarde decidí poner a prueba mis dotes de pirata y surqué los mares llenos de corsarios hasta avistar las costas británicas. Allí las aguas del río Támesis me llevaron hasta Londres, donde un nuevo mundo se abrió ante mí. Bacon, Henry Moore… Corrientes artísticas que deslumbraron a este humilde pirata que había bebido de las fuentes de los impresionistas y los puntillistas.

En realidad, y aunque luego haya sido un navegante solitario al que le gusta explorar sus propios caminos y limites, todos los ismos han influido en mayor o menor medida mi obra. Todos hasta que llegaron corrientes como el minimal art, que dejaron de interesarme y me obligaron a dar un golpe de timón para esquivarlas. Lo mismo me sucede con el surrealismo, un movimiento que considero más literario que pictórico.

He navegado mucho y he bebido agua de muchas fuentes. De muchos mares. Y desde sus profundidades, desde la magistral lección de los grandes genios, he generado un estilo propio y fluctuante, abierto al cambio y a la experimentación, con la ambición de la originalidad como gran referente.

Hallar la ciudad de la colina

MedinaceliEra un nombre de hermosa fonética, Medinaceli, Me-di-na-ce-li… que invocaba tiempos antiguos y envueltos de historias y leyendas, pero tan sólo era eso, una evocación. Confieso con humildad mi ignorancia y confío en expiar en esta declaración mi culpa, para mí, Jorge Morgan, pintor y pirata en tantos mares, era una ciudad desconocida.

Mi laguna es ahora inaceptable, lo sé, pero al tiempo ha sido la excusa mágica y propicia para hallar, para descubrir con esa impronta abrumadora de una belleza inesperada, la ciudad de la colina.

Mi encuentro con Medinaceli ha sido tan casual como el destino que entrecruza citas sorpresivas, en las que el lance del amor requiebra a la hermosura.

Eres impresionante, ciudad de la colina, tierra de gallardos pueblos celtíberos engendrados en Occilis, hija y sal de Roma, amante de la cruz y la media luna que pugnaron en el laberinto de tus calles, legendaria Okeli, mora de alcazaba, plañidera de Almanzor, desafiante empecinada ante el pequeño emperador…

Aún en el silencio bajo el que la hallé, sus piedras respiraban la vida que han contemplado. Susurran palabras y relatan historias. Es un escenario cautivador, el sortilegio preciso para emprender un viaje en el tiempo. Y no sólo custodia los grandes episodios, sino los pequeños y seculares secretos, como esas cuñas de madera que algún cantero dejó insertadas en las columnas de piedra del Palacio Ducal.

Sé que sabes contar historias, Sherezade, y espero que guardes en las arcas castellanas de tu memoria la mía, la historia de un pirata y pintor llamado Jorge Morgan que, un día de luz blanca y fría, te descubrió extendida y desnuda sobre tu colina. Y llegó a ti, Medinaceli, para conquistar tu noble palacio con mis jardines de cactus y mis odaliscas, preñar con el intenso color de mis lienzos tus antiguas entrañas, exhibir mi arte errante entre tus gentes, devolverte la vida a un nuevo tiempo de abstracción pictórica, sumergirte en mi pasión enloquecida por la creación… aunque quizá llegué a ti tan sólo para escribir esta carta de amor.

Para Medinaceli, la ciudad de la colina, de Jorge Morgan, pirata y pintor.

 

Artículo publicado en el Heraldo de Soria el 6 de abril de 2014 con motivo de la inauguración de la exposición “Mujeres a la hora del té y el jardín de los cactus”