exposición

El fluir de las palabras

El fluir de las palabras 01El jueves llega por fin el gran día. A las 20:00 horas inauguraré en la Galería Dionís Bennassar de Madrid mi nuevo trabajo artístico y con él mi nueva etapa creativa. “El fluir de las palabras”, se titula la exposición. Y en mis obras tienen cabida la palabras, por supuesto, y también los ríos por las que fluyen éstas. Colores, brillos, trazos de las riberas, letras que evocan sus nombres, vegetación que se sugiere y se esconde, rocas serpenteadas por el agua. No es una imagen física, real del río, sino el halo que deja su fluir en mi espíritu.

No faltará tampoco el color, seña de identidad de este humilde pirata. Ni una sorpresa que descubriréis allí. Porque las obras estarán encerradas mientras sigan siendo mías. Quizás porque me han llevado tanto trabajo y tanto esfuerzo que las siento más mías que nunca. Mi pintura no deja de ser una palabra lanzada a la mirada del espectador a la espera de una respuesta, de su emoción. Creamos para volcar la sensibilidad que nos posee, y una vez creada, satisfecha y alumbrada nuestra pasión, la obra sólo aspira a hallar, a descubrir una mirada nueva, la del espectador.

Así que a vosotros, espectadores, os espero el próximo jueves en la Galería Dionís Bennassar. Y si no podéis el jueves, no os preocupéis, porque el barco pirata anclará en tierra firme durante todo el mes de junio. Vuelvo a la que siento como mi casa y lo hago con un trabajo que supone una gran progresión en mi búsqueda de la concepción tridimensional del arte. Regreso con energías renovadas pero con el mismo espíritu de pirata que siempre.

 

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Urnas para retener la esencia de una obra

LETRAS A LA DERIVA (2)Como ya he comentado en alguna que otra entrada, la exposición individual que estreno el próximo 5 de junio en la Galería Dionís Bennassar de Madrid supone un salto al vacío. Una nueva etapa creativa en mi vida artística que llega llena de novedades y rupturas con el pasado más reciente. Mis obras siguen siendo obras de Morgan. Reconocibles todas ellas. Pero hay aspectos que las hacen únicas y que rompen con mis etapas más recientes, pese a que sigue habiendo elementos, como la tipografía, que me acompañan también en esta nueva aventura de intrépido pirata.

Hay quien lo llama momentos de inspiración, pero para llegar a ellos hay que estar alentado en tu búsqueda por profesionales y amigos en cuyo criterio uno puede confiar. Me pasó en este caso con la gente de la empresa burgalesa Título, capaces de crear de la nada cualquier montaje formidable. Fueron ellos los que me empujaron a romper con lo preestablecido en esta nueva aventura.

Y como las obras que expondré en ‘El fluir de la voz’ son obras muy mías y muy complejas técnicamente, se me ocurrió encerrarlas en unas urnas de metacrilato.  Considero que es como contener la esencia de un aroma o de un instante. Ese es mi capricho. Al menos mientras sigan siendo mías. El futuro poseedor de estas obras podrá retenerlas en las urnas o liberarlas para extender ese instante y ese aroma. Para darle, al fin, un nuevo sentido a la obra.

Hallar la ciudad de la colina

MedinaceliEra un nombre de hermosa fonética, Medinaceli, Me-di-na-ce-li… que invocaba tiempos antiguos y envueltos de historias y leyendas, pero tan sólo era eso, una evocación. Confieso con humildad mi ignorancia y confío en expiar en esta declaración mi culpa, para mí, Jorge Morgan, pintor y pirata en tantos mares, era una ciudad desconocida.

Mi laguna es ahora inaceptable, lo sé, pero al tiempo ha sido la excusa mágica y propicia para hallar, para descubrir con esa impronta abrumadora de una belleza inesperada, la ciudad de la colina.

Mi encuentro con Medinaceli ha sido tan casual como el destino que entrecruza citas sorpresivas, en las que el lance del amor requiebra a la hermosura.

Eres impresionante, ciudad de la colina, tierra de gallardos pueblos celtíberos engendrados en Occilis, hija y sal de Roma, amante de la cruz y la media luna que pugnaron en el laberinto de tus calles, legendaria Okeli, mora de alcazaba, plañidera de Almanzor, desafiante empecinada ante el pequeño emperador…

Aún en el silencio bajo el que la hallé, sus piedras respiraban la vida que han contemplado. Susurran palabras y relatan historias. Es un escenario cautivador, el sortilegio preciso para emprender un viaje en el tiempo. Y no sólo custodia los grandes episodios, sino los pequeños y seculares secretos, como esas cuñas de madera que algún cantero dejó insertadas en las columnas de piedra del Palacio Ducal.

Sé que sabes contar historias, Sherezade, y espero que guardes en las arcas castellanas de tu memoria la mía, la historia de un pirata y pintor llamado Jorge Morgan que, un día de luz blanca y fría, te descubrió extendida y desnuda sobre tu colina. Y llegó a ti, Medinaceli, para conquistar tu noble palacio con mis jardines de cactus y mis odaliscas, preñar con el intenso color de mis lienzos tus antiguas entrañas, exhibir mi arte errante entre tus gentes, devolverte la vida a un nuevo tiempo de abstracción pictórica, sumergirte en mi pasión enloquecida por la creación… aunque quizá llegué a ti tan sólo para escribir esta carta de amor.

Para Medinaceli, la ciudad de la colina, de Jorge Morgan, pirata y pintor.

 

Artículo publicado en el Heraldo de Soria el 6 de abril de 2014 con motivo de la inauguración de la exposición “Mujeres a la hora del té y el jardín de los cactus”