ríos

La voluptuosa silueta de la mujer

J. MORGAN_07Hay rasgos que marcan mis obras. Hemos hablado en las últimas semanas de los ríos. Y también de la tipografía. A ellos se podría sumar la vegetación en forma de cactus. Y también, cómo no, las mujeres. La fascinación por la figura femenina. La atracción artística por la voluptuosidad del cuerpo de la mujer. Una figura que ha sido foco de interés para muchos y grandes artistas a lo largo de la historia. Quizás porque tras ella se esconde el milagro de la creación humana.

Me he pasado horas y horas en museos observando con detalle cientos de esculturas romanas, contemplando extasiado esa belleza en mármol en la que los velos desvelan el desnudo. Tanto he admirado esas esculturas que con el tiempo decidí trasladar esas figuras, en toda su perfección, a mis lienzos. Para darles una nueva vida. Para mostrarles mi admiración.

Luego, más tarde, enamorado ya de sus curvas y su voluptuosidad sin parangón, me vi arrastrado por mi amor por el diseño y por la tipografía y quise tatuarlas. Hacer esos cuerpos únicos. Rendirles homenaje con una de las pocas cosas que domina este humilde pirata: Las letras. Así junté y armonicé dos de mis pasiones. Ahora son parte de un todo. De mi obra. De mi historia artística.

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Las letras en mi vida

J. Morgan N en primavera SoriaHace una semana os contaba en este pequeño rincón de la red la importancia y la influencia de los ríos en mi vida. Y en mi obra artística. Hoy os quiero hablar de las letras y la tipografía, las otras grandes protagonistas de “El fluir de la voz”, la exposición que inauguro el próximo 5 de junio en la Galería Bennassar de Madrid.

Arte y diseño. Diseño y arte. Ambas facetas juegan un papel importante en mi vida y se complementan a las mil maravillas. El mundo del arte me aportó mucho a la hora de diseñar, pero luego el diseño, a la hora de estructurar, compensar y equilibrar, me ha aportado mucho también como artista. Si algo dice la gente de mí es que sé armonizar colores muy diferentes. Realmente yo disfruto con el color. Y cuando la gente ve terminadas mis obras, ve una armonía, inicialmente difícil de alcanzar, pero finalmente consumada.

¿Y cómo, en esta intensa relación dual, llegué a las letras y la tipografía? Mediante el diseño. Este fue el canal para que luego ese amor se trasladase al lienzo. Aprendí de un gran maestro desgraciadamente fallecido, Víctor Viano, el amor por la tipografía y singularmente por la letra Bodoni. De ahí, surgió la idea de hacer un alfabeto, que se ramificó en otras etapas, pero de alguna manera, salvo en la colección ‘El jardín de los cactus y las odaliscas’, siempre vuelvo a la tipografía, a la palabra. “El fluir de la voz” sólo es un ejemplo más de esta relación que he mantenido siempre con las letras. Letras y palabras que ahora se entremezclan con los ríos de mi vida.

 

Los ríos en mi vida

Letras a la deriva que fluyen por los ríos de mi vida

El próximo 5 de junio volveré a anclar mi barco pirata en el Manzanares para inaugurar en la Galería Bennassar de Madrid una exposición en la que mostraré mi nueva etapa creativa. “El fluir de la voz”, se titula. Y en ella, los ríos y las palabras de mi vida toman los lienzos y se adueñan de ellos. En un hombre de mar como yo, en un pirata que surca los mares en busca de inspiración, los ríos siempre han ejercido una enorme influencia.

Adoro los ríos, verlos, contemplar sobre un puente cómo fluye el agua, detenerme en sus orillas, sentir la vida que arrastran incesantemente. Un río es una forma de viajar tranquila, sosegada… A veces con ruido, a veces con mucho silencio. Los ríos me han influido mucho, pero ¿cómo llevar los ríos y las palabras que amo y que me gustan a la pintura? Evidentemente pintándolas, recreando el río con sensaciones. Son colores, brillos, trazos de las riberas, letras que evocan su nombre, vegetación que se sugiere y se esconde, rocas serpenteadas por el agua… No es una imagen física, real del río, sino el halo que deja su fluir en mi espíritu, en planos superpuestos.

Siento tan míos los ríos que he decidido insertarlos dentro de unas urnas de metacrilato. Para que sus aguas fluyan pero nunca se separen de mí. Para poder seguir surcándolos siempre, en mi imaginación de intrépido pirata. Para seguir deteniéndome en sus orillas y disfrutar de la belleza única del discurrir del agua por su cauce. Una metáfora perfecta del inexorable paso del tiempo. Y de la vida.